• Marcelo Aguirre

Sobrellevar el malestar. Tomando perspectiva



La resistencia conlleva persistencia


Los altibajos son parte de la vida misma. Sin embargo, algunas veces pasamos por momentos más difíciles que otros. ¿Alguna vez has experimentado tanta incomodidad que sentías que no lo podías soportar? Puede ser en el plano físico, como dolor en alguna parte del cuerpo, o en el plano emocional, emociones incómodas —disfóricas— como ansiedad, tristeza, culpa, enojo, etc.


Aunque la naturaleza nos ha dotado con reacciones involuntarias, los reflejos, que hacen que nuestro cuerpo se mueva rápida e involuntariamente para alejarse del dolor, como cuando tocamos algo que nos quema y sacamos rápidamente la mano, no es tan simple procurar evitar el dolor físico o emocional cuando éste es prolongado. Como ocurre con el malestar físico, el malestar emocional nos resulta igualmente desagradable y, como es natural, queremos que desaparezca por completo y cuanto antes. Es ahí cuando nuestra mente, para intentar aliviar el malestar físico y emocional, se ve tentada a caer en trampas igualmente nocivas, como pensar demasiado en aquello que nos molesta — rumiación—; o procurar eliminar completamente lo desagradable, a la vez que le prestamos atención, lo cual intensifica más aún el malestar evitación—; o reaccionar desde la emoción del momento en lugar de responder con atención lúcida al contexto —conducta impulsiva—, etc. (ver artículo acerca de las trampas mentales).


La no aceptación de la realidad tal y como se despliega, muchas veces, conduce a reforzar las condiciones que originaron y mantienen el problema y, por lo tanto, cuanto más nos resistimos a la realidad, más persiste nuestro malestar. Por ejemplo, cuando nos resistimos a sentirnos ansiosos, nos ponemos ansiosos de sentirnos ansiosos, o nos enoja que nos enojamos, o nos entristecemos por estar —una vez más— tristes. Estos bucles nocivos de emociones disfóricas tienen como trasfondo una actitud intolerante y exigente respecto a lo que sentimos. No queremos sentirnos como nos sentimos, y por ello mismo nos sentimos cada vez peor.


Entonces, ¿qué podemos hacer cuando el malestar —físico o emocional— nos invade y no podemos simplemente hacer que desaparezca? En estos momentos difíciles la práctica de la meditación o mindfulness puede ser nuestro mejor aliado. Y, dicho sea de paso, no necesitamos ser monjes budistas ni yoguis para beneficiarnos de esta práctica.


¿Qué es la meditación?


Una manera clara y concreta de describir en qué consiste la meditación de la atención plena —o mindfulness— y cuál es su principal finalidad, es la siguiente:

La meditación no tiene que ver con convertirse en alguien diferente, una nueva persona, ni siquiera una mejor persona. La meditación tiene que ver con entrenar tu atención y entender de qué modo piensas y sientes y por qué piensas y sientes como lo haces y, en el proceso, conseguir un saludable sentido de perspectiva. Cuando consigues tomar perspectiva, cualquier cambio que quieras hacer en tu vida, se vuelve más accesible. Más aún, la práctica de la meditación te muestra cómo conseguir hacer las paces con quién estás siendo en este momento y con lo que estás sintiendo ahora mismo. Pero no creas que esto es así porque lo dicen los científicos. Haz la prueba tu mismo. (Puddicombe, 2016)