• Marcelo Aguirre

¿Pensamiento o hecho? ~ La mente condicionada



Hay un momento del día, de cada día, en que los límites de la luz y la oscuridad desaparecen, es ese momento justo donde la noche y el día se fusionan, ese instante 'mágico' en el atardecer en que, teniendo como trasfondo el horizonte, ya no es posible distinguir si el color de un hilo es blanco o negro. El atardecer tiene ese misterio hipnótico, en el que nuestros ojos van dejando de aferrarse a la luz del día, que se va yendo, mientras se van adaptando a la noche, que va llegando.


Algo similar ocurre, por momentos, en nuestra vida cotidiana en relación a los innumerables pensamientos que pueblan nuestras mentes. Especialmente aquellos pensamientos cargados de alguna emoción intensa, cuando bajamos la guardia de la atención, dejan de ser para nosotros simplemente pensamientos y asumimos que son 'hechos'.


De ese modo, se repite en el plano de la mente lo que sucede día a día en el mundo exterior. Hay momentos específicos de 'transición' entre la conciencia atenta y despierta y el automatismo de nuestros patrones de pensamiento que condicionan nuestra mente, momentos en que no podemos distinguir si es de día o de noche, si estamos ante uno de nuestros 'pensamientos' —evento interno, privado, juicio o interpretación acerca de una situación— o si estamos ante un 'hecho' —evento externo, accesible a otros observadores—. Cuando llegamos a confundir 'pensamiento' y 'hecho', ese es el momento exacto en que estamos dominados por lo que llamamos el 'piloto automático', que es una suerte de sonambulismo mental. El piloto automático es uno de los modos generales en que funciona nuestro cerebro; está dominado por hábitos y esquemas —conjuntos de pensamientos, emociones y reacciones asociados—. El otro modo en que funciona nuestro cerebro es el del observador interno, la conciencia atenta al presente, capaz de distinguir el contenido mental de los hechos fácticos.


Cuando estamos sonámbulos, caminamos por el mundo físico mientras nuestra mente está sumergida en un ensueño de imágenes oníricas que se nos presentan como 'reales'. Durante el sonambulismo, las creacciones de nuestro cerebro —imágenes, recuerdos, fantasías, pensamientos— adquieren, para quien está en este trance, el estatus de realidad fáctica. Algo similar ocurre, nos dice Jon Kabat-Zinn, cuando nuestros condicionamientos mentales toman el control de nuestra vida, cuando funcionamos desde el piloto automático:

Hemos llegado a estar tan condicionados por nuestros patrones mentales que ni siquiera reconoceos que los pensamientos son sólo pensamientos (Kabat-Zinn, 2006).

Es necesario hacer un esfuerzo voluntario para volver del sonambulismo mental a la conciencia plena del presente. Especialmente cuando nuestros pensamientos están unidos a alguna emoción intensa —agradable o disfórica— es bastante esperable que le atribuyamos el estatus de 'hechos'.


Pensemos en la última vez en que estuvimos 'atrapados' por un pensamiento vinculado a alguna emoción intensa disfórica —por ejemplo, culpa, enojo, tristeza, ansiedad o temor—. En el momento en que experimentábamos ese pensamiento, y la emoción vinculada al mismo, ¿nos fue fácil advertir que se trataba sólo de un 'pensamiento'? (aunque fuese correcto o no). Posiblemente no.


Si consideramos la experiencia del enojo, lo común es experimentar que por momentos quedamos 'ciegos', cuando la emoción hace elevar nuestra presión sanguínea, acelera el ritmo respiratorio y sentimos calor en las extremidades y en la cabeza, señales fisiológicas de que nuestro cuerpo se prepara para la lucha, puesto que nuestra mente nos dice que debemos defendernos ante una ofensa —el cerebro no distinguirá si la amenaza es real o imaginada—. Cuando estamos sumidos en el enojo, el pensamiento suele girar en torno a la idea de 'injusticia'; '¡No puede ser! Esto no debería pasar' o algo por el estilo, es entonces cuando dejamos de percibir que nuestro pensamiento es sólo un pensamiento, y que la emoción que sentimos en nuestro cuerpo es, en gran medida, consecuencia de lo que estamos pensando. Esto ocurre porque estamos fusionados a nuestro pensamiento y emoción. Consecuentemente, es esperable que descarguemos el enojo por medio de acciones —físicas, gestuales y/o verbales— poco asertivas, más bien reactivas, que suelen empeorar la situación, y proporcionarnos, luego, pesar, vergüenza o arrepentimiento: 'Lo siento, creo que me excedí, estaba tan molesto... lo siento'.


Lo mismo nos puede ocurrir cuando nos fusionamos a pensamientos que generan en nosotros otras emociones desagradables como tristeza, culpa, ansiedad... Pero también puede tratarse otras emociones intensas que nublan nuestro juicio, como el enamoramiento (más cercano a la ilusión que al amor realista) y la euforia (como la que hallamos en los estados maníacos). En estos casos, aunque se trata de emociones más agradables, si estamos fusionados a ellas y a los pensamientos asociados a ellas, es posible que tomemos decisiones equivocadas.


No son menores las consecuencias de fusionarnos con aquello que pensamos, en lugar de ver a nuestros pensamientos como lo que realmente son, sólo pensamientos. Y, en ocasiones, estos pensamientos se corresponden con los hechos, pero en otras ocasiones son erróneos. Por lo general, vemos las cosas con más claridad cuando dejamos pasar un tiempo, tomamos cierta distancia, y volvemos conscientemente a la posición del observador interno, objetivo, sereno, desapasionado.


De allí la gran importancia de practicar la 'defusión' que se nos propone, por ejemplo, desde Mindfulness y ACT, Terapia de Aceptación y Compromiso, como un elemento clave de la autorregulación emocional. Cultivar de la práctica de volver, una y otra vez, voluntariamente, al observador interior, nos permite salir de las trampas del ego, el condicionamiento de la mente —el piloto automático, la identificación y fusión con nuestros contenidos mentales—, para tomar una perspectiva más amplia de la situación sobre la que giran nuestros pensamientos y emociones, y observarnos, con compasión, a nosotros mismos en ese contexto ampliado. Cuando el contexto se amplía y la mente se serena para observar con claridad, podemos decidir y actuar con mayor asertividad (Hayes, 2019).


Hasta la próxima.

Marcelo Aguirre



Referencias

  • Kabat-Zinn, Jon (2006). Mindfulness for Beginners. Reclaiming the Present Moment and Your Life

  • Hayes, Steven (2019). A Liberated Mind. How to Pivot Toward What Matters


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