• Marcelo Aguirre

¿Pensamiento o hecho? La mente condicionada



Hay un momento del día, de cada día, en que los límites de la luz y la oscuridad desaparecen, es ese momento justo donde la noche y el día se fusionan, ese instante 'mágico' en el atardecer en que, teniendo como trasfondo el horizonte, ya no es posible distinguir si el color de un hilo es blanco o negro. El atardecer tiene ese misterio hipnótico, en el que nuestros ojos van dejando de aferrarse a la luz del día, que se va yendo, mientras se van adaptando a la noche, que va llegando.


Algo similar ocurre, por momentos, en nuestra vida cotidiana en relación a los innumerables pensamientos que pueblan nuestras mentes. Especialmente aquellos pensamientos cargados de alguna emoción intensa, cuando bajamos la guardia de la atención, dejan de ser para nosotros simplemente pensamientos y asumimos que son 'hechos'.


De ese modo, se repite en el plano de la mente lo que sucede día a día en el mundo exterior. Hay momentos específicos de 'transición' entre la conciencia atenta y despierta y el automatismo de nuestros patrones de pensamiento que condicionan nuestra mente, momentos en que no podemos distinguir si es de día o de noche, si estamos ante uno de nuestros 'pensamientos' —evento interno, privado, juicio o interpretación acerca de una situación— o si estamos ante un 'hecho' —evento externo, accesible a otros observadores—. Cuando llegamos a confundir 'pensamiento' y 'hecho', ese es el momento exacto en que estamos dominados por lo que llamamos el 'piloto automático', que es una suerte de sonambulismo mental. El piloto automático es uno de los modos generales en que funciona nuestro cerebro; está dominado por hábitos y esquemas —conjuntos de pensamientos, emociones y reacciones asociados—. El otro modo en que funciona nuestro cerebro es el del observador interno, la conciencia atenta al presente, capaz de distinguir el contenido mental de los hechos fácticos.