• Marcelo Aguirre

Retornar a mi centro



La vida se nos presenta cambiando permanentemente, con idas y vueltas; a veces tormentosa, a veces en calma, como las olas en la superficie del mar. En este escenario, cada uno de nosotros puede ser visto como una pequeña nave o embarcación. Nuestra mente, siguiendo con esta metáfora, sería equivalente al timón de la nave. Gozar de salud física, equilibrio emocional, claridad y serenidad mental, todo ello sería equivalente al buen estado general de la embarcación, sin lo cual, no podría mantenerse a flote sobre la inmensidad del océano. Lo mismo ocurre con nuestra vida. Cuando perdemos la salud físca y/o el equilibrio emocional, cuando nuestra mente pierde la visión clara y serena de las cosas, entonces sentimos que, poco a poco, 'nos hundimos'. Es ahí cuando reconocemos que necesitamos realizar acciones concretas para recuperar el equilibrio integral: físico, emocional y mental.


Esta experiencia, la de gozar de bienestar y luego darnos cuenta de que lo estamos perdiendo, es una de las experiencias más antiguas del ser humano, desde que el primer homo sapiens tuvo consciencia de sí mismo hasta nuestros días. La pregunta que surge a continuación, también es la misma pregunta que se hace todo ser humano cuando experimenta ansiedad, tristeza, frustración, enojo, etc. ¿Cómo puedo recuperar el bienestar? ¿Cómo puedo volver a conectar con mi vida, a disfrutar día a día estar vivo?


No todos los caminos nos conducirán a nuestro auténtico bienestar. Quizás hayamos experimentado caminos que, en un comienzo, parecían los correctos, pero luego pudimos comprobar que no lo eran. Me refiero a cualquier intento de 'tapar la insatisfacción o el sufrimiento'; como la compra compulsiva de cosas que no necesitamos; la adicción a sustancias, fármacos y personas —en ocasiones, tan tóxicas como las drogas—; la gula de comida y/o de experiencias que nos distraen de ocuparnos de lo que realmente importa en nuestro interior.


Otros caminos apuntan hacia nuestro interior, a mirar a los ojos a nuestro sufrimiento, despertar la consciencia serena y compasiva en nuestro interior. Estos caminos son los de la meditación, en cualesquiera de sus múltiples formas, y particularmente la práctica del Mindfulness, la plena atención al momento presente, incluyendo lo que ocurre en nuestra mente, cuerpo y entorno. El Mindfulness es una práctica que invita a desarrollar un tipo particular de atención: voluntaria, no-judicativa y compasiva.


El venerable maestro zen, Thich Nhat Hanh (recientemente fallecido; cariñosamente llamado Thay, por sus seguidores), en uno de sus numerosos libros, titulado Old Path, White Clouds (1991; cap. 56), relata una ocasión en la que el Buda (siglo VI a.C.), en cierta noche de luna llena, en las cercanías de un lago donde florecían lotos blancos que esparcían su delicada fragancia en aquél lugar, enseñó a tres mil monjes, hombres y mujeres, los Ejercicios de la respiración consciente. Mediante esta práctica, explicaba el Buda, sería posible «retornar cada uno a sí mismo, retornar a la vida». Estos ejercicios de respiración consciente son los siguientes:

«1. Inhalo hondamente; soy consciente de que inhalo hondamente. Exhalo extensamente; soy consciente de que exhalo extensamente.
2. Inhalo brevemente; soy consciente de que inhalo brevemente. Exhalo brevemente; soy consciente de que exhalo brevemente.»

El Buda explica que estas dos primeras respiraciones conscientes permiten al practicante pasar del estado de automatismo generalizado en el que usualmente vivimos, a un estado de presencia atenta al momento presente. Lo cual tiene un doble efecto: parar los pensamientos innecesarios que saturan la mente, y re-conectarnos con la vida que se despliega aquí y ahora. Y continúa,

«3. Inhalo; soy consciente de todo mi cuerpo. Exhalo; soy consciente de todo mi cuerpo».
4. Inhalo; tranquilizo mi cuerpo. Exhalo; tranquilizo mi cuerpo.»

Añade el Buda que estas dos respiraciones conscientes permiten a nuestra mente entrar en contacto con el cuerpo; al cual muchas veces olvidamos, sumidos en nuestros pensamientos. La atención a la respiración nos ayuda a hallar paz, y a generar armonía entre el cuerpo y la mente. Continúa,

«5. Inhalo; me siento contento. Exhalo; me siento contento.
6. Inhalo; me siento feliz. Exhalo; me siento feliz.»

Señala el Buda que estas dos respiraciones nos permiten generar emociones placenteras en nuestro interior. Lo que nos recuerda que la alegría y la felicidad no están en ninguna otra parte que en nuestro propio interior.

«7. Inhalo; soy consciente de la actividad de la mente en mi interior. Exhalo; soy consciente de la actividad de mi mente.
8. Inhalo; hago que la actividad de la mente en mi interior se tranquilice, encuentre paz. Exhalo; llevo tranquilidad y paz a mi mente.»

Estos dos ejercicios, explica el Buda, crean un espacio interior de observación en el que podemos notar nuestras emociones, sean éstas placenteras, displacenteras o neutras. Y nos permiten transformar esas emociones en calma y serenidad.


Las prácticas de respiración consciente que siguen (desde la 9 a la 16), apuntan a profundizar la experiencia de la atención plena, a intensificar la felicidad, concentración y paz y, finalmente, a cultivar la aceptación frente a la impermanencia de todas las cosas.




La práctica del Mindfulness nos permite relacionarnos con nuestros contenidos mentales —pensamientos, emociones, recuerdos, imágenes...— desde el observador interior. Este es el nombre con el que comúnmente se conoce una habilidad única del cerebro humano, la habilidad metacognitiva. Esto es, la capacidad de darnos cuenta de las 'actividades de la mente' —como las llama el Buda—.


Esta capacidad de darnos cuenta de estar pensando, darnos cuenta de estar experimentando una determinada emoción, darnos cuenta, finalmente, de que nos damos cuenta de todo lo demás, nos permite hallar paz y libertad.

La habilidad metacognitiva que desarrollamos con la práctica del Mindfulness o atención plena nos permite advertir que 'yo no soy esta emoción o este pensamiento', sino que 'yo soy el que observa esta emoción o este pensamiento'. Y así, recuperamos la libertad de elegir cómo queremos responder a lo que está ocurriendo aquí y ahora, en vez de reaccionar desde el 'piloto automático' o conjunto de hábitos que forman parte de nuestros condicionamientos mentales.


Sin la práctica de llevar constantemente la atención al momento presente, estaríamos atrapados en nuestra propia mente, que usualmente no cesa de juzgar y juzgarnos, criticar, planificar y producir una avalancha de diversas emociones que impactan sobre nuestro bienestar mental y físico, como las olas golpean la embarcación durante una tormenta en el mar.


Querido lector, te invito a llevar estas simples pero poderosas prácticas de respiración consciente a tu vida cotidiana, de modo que puedas gestionar activamente —crear— bienestar, serenidad y felicidad en el día a día, para tu beneficio personal y también para el de las personas que te rodean.