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  • Foto del escritorMarcelo Aguirre

¿Un lago sereno o tormentoso? Depende de ti



La meditación ha sido practicada durante siglos, en distintas formas, como una vía privilegiada para cultivar la paz interior y re-conectar nuestra mente con la fuente de sabiduría que habita en nuestro interior.


Nuestra mente puede compararse con un lago. Cuando las aguas están agitadas por el viento, es decir, cuando nuestras emociones se desregulan a partir de lo que estamos pensando —usualmente lo peor—, el agua se vuelve turbia y no podemos ver sino la superficie del lago, es decir, cuando estamos preocupados, enojados, angustiados... nuestra evaluación de las circunstancias es parcial y se halla fuertemente sesgada por las emociones del momento. Pero cuando nuestros pensamientos negativos se serenan, cesa el viento sobre las aguas del lago, nuestro malestar emocional da paso a la serenidad, y sólo entonces, cuando estamos tranquilos y en paz, las aguas del lago se asientan, se vuelven cristalinas, y nos permiten mirar hasta el fondo: podemos mirar con claridad.


Ese es el efecto que produce la práctica de la meditación sobre nuestra mente: al prestar atención al momento presente, sin juzgar (Kabat-Zinn, 1994), al inhalar hondo y exhalar lento, una y otra vez, como nos lo enseña el Mindfulness, la mente y el cuerpo recuperan la serenidad, y así podemos ver con mayor claridad la situación en la que estamos, y podemos tomar perspectiva internamente antes de formular un juicio, decir una palabra o tomar una decisión. Así, la práctica de la meditación se pone al servicio de la autorregulación emocional y, de ese modo, se transforma en un componente fundamental del desarrollo de la inteligencia emocional (Goleman, 1995).


El bien conocido maestro zen, Thich Nhat Hanh (2007), sintetiza bellísimamente esta idea:

«El fin de la práctica de la meditación es ayudarnos a tener una mente clara para observar, y ayudarnos a desatar los nudos en nuestro interior».

Una mente clara y sin nudos es sinónimo de inteligencia emocional y sabiduría. Ahora bien, ¿cuáles son los nudos en nuestro interior, a los que se refiere Thay (como cariñosamente lo llamaban sus discípulos)?


Desde la perspectiva del budismo zen, los nudos de la mente son nuestros apegos a perspectivas distorsionadas de la realidad. Muchas veces no nos damos cuenta de que nuestra manera de ver las cosas y de juzgar a las situaciones —incluyendo a las acciones ajenas y propias— pueden ser perspectivas distorsionadas, puntos de vista sesgados por distintos factores, como experiencias o vivencias personales previas negativas que han dejado en nosotros una huella —a partir de las cuales generamos creencias y generalizaciones—; o ideologías y creencias que hemos incorporado de nuestro entorno de modo acrítico —y así, simplemente consideramos 'verdadero' o 'correcto' lo que el entorno nos ha transmitido, enseñado o inculcado—; o también modos de pensar derivados de rasgos muy marcados en nuestro propio estilo de personalidad —como el perfeccionismo, la suspicacia, la arrogancia, el victimismo, etc.—,


La meditación es una forma de serenar nuestro cuerpo y mente para poder ver con mayor claridad y, así, poder desatar los nudos de nuestro apego a modos distorsionados de pensar que nos conducen al miedo, al resentimiento, y a todo tipo de sufrimiento innecesario, a la vez que malogran nuestras relaciones cotidianas con las personas que nos rodean.


Una mente clara, sin nudos, significa una mente serena que es capaz de observar, sin juzgar; una mente en mayor conexión con al presente, no nublada por prejuicios y otros pensamientos negativos y emociones turbulentas. U mente clara es capaz de abrirse al diálogo con el otro porque no está excesivamente apegada a sus propios pensamientos, sino que es capaz de permitirse observar desenfadadamente las circunstancias presentes, con realismo y serenidad, sin reproches ni victimismos.



Te invito a re-conectar con el lago sereno y transparente que hay en tu interior. Para ello deberás comenzar tranquilizando las aguas de tu lago interior. Echando mano de la práctica de la atención plena dirigida a tu respiración, realiza por unos minutos inhalaciones hondas y exhalaciones largas, permitiendo, con cada respiración, que tu cuerpo y tu mente se serenen, creando en tu mente un espacio sereno para observar el presente, sin juicios ni prejuicios.


Te invito a dejar hoy de crear en tu mente tu propio infierno. Atrévete a cultivar día tras día una mente clara, como un cielo sin nubes, como un lago cristalino y sereno; una mente sin nudos, sin reclamos ni egocentrismo, sin resentimiento, con apertura al presente y actitud de aprecio, fluyendo con la realidad en cada momento. Está en tus manos crear hábitos de bienestar, en vez de de sufrimiento innecesario.


Recuerda, finalmente, que cada segundo que puedes estar consciente, aquí y ahora, es una oportunidad para llenarte de gratitud por simplemente estar vivo. Como enseña la práctica del zen: respira y sé consciente de que respiras; respira y sonríe.


Hasta la próxima,


Marcelo Aguirre



Referencias

  • Goleman, Daniel (1995). La inteligencia emocional.

  • Kabat-Zinn, Jon (1994). Vivir con plenitud las crisis.

  • Thich Nhat Hanh (2007). Buddha mind, Buddha body. Walking Toward Enlightenment.


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