• Marcelo Aguirre

Buscando flores, hallamos serpientes



Hay un pequeño poblado en Vietnam que posee terrenos de gran extensión repletos de flores de todo tipo. La tierra es tan fértil que las flores crecen con gran abundancia allí. A primera vista, es un lugar ideal para visitar, para admirar tantas y variadas flores, y para relajarse y disfrutar de la sublime fragancia de las flores. Sin embargo, cualquiera que recorra ese terreno lleno de flores sin el debido cuidado y precaución, podría no contar la historia. Porque debajo de las flores, aprovechando también que ese terreno fértil posee muchos nutrientes minerales, hay miles de nidos de pequeñas serpientes venenosas. Una mordedura de esas serpientes podría causar la inmediata muerte de cualquier visitante desprevenido.

Así pasa a menudo en nuestra vida. Vamos desprevenidos, buscando flores y, de vez en cuando, nos topamos con serpientes. Y esa metáfora puede tener varios significados; mencionaremos los siguientes tres ejemplos:

  • Relaciones interpersonales. Interactuamos con personas que nos parecen agradables (flores), pero luego dan muestra de negligencia, cuando no mala intención (serpientes).

  • Nuevos proyectos. Iniciamos un proyecto que nos parece atractivo (flores), pero luego se torna demasiado pesado o agotador y mucho menos motivador que al inicio (serpiente).

  • Autoconocimiento. Iniciamos el proceso de autoconocimiento muy motivados, quizás obnubilados por la sabiduría de algún maestro o al menos después de leer un libro de autoayuda o escuchar un video motivador, y el autoconocimiento nos parece fascinante (flores). Sin embargo, no todo son flores en el campo, de repente vamos enfrentándonos, cada vez con más crudeza, con nuestro propio ego, con nuestros temores, con viejas heridas que creíamos sanadas, y nos sentimos amenazados por los aspectos más oscuros de nuestra propia mente (serpiente).


¿Qué debemos hacer con las serpientes que hallamos en el camino?


Un anciano vietnamita menos interesado en las flores que en las serpientes, se dedica a cazarlas, a erradicarlas de los terrenos fértiles, para que estos puedan ser destinados a distintos usos, y quienes trabajen en ellos caminen por allí más seguros. Él procede del siguiente modo:

«Hay pequeñas serpientes anidando en agujeros en la tierra. Cuando las saco a la superficie, se retuercen y mueren. También hay serpientes de mayor tamaño. Debo tener cuidado cuando las saco a la superficie, porque si no lo hago con firmeza, ellas me morderán y moriré. Debes conocerte a ti mismo y conocer a la serpiente. Debes reconocer cuándo eres suficientemente fuerte y cuándo no lo eres. Cuando sacas dos serpientes a la superficie, al mismo tiempo, lo mejor es dejarlas que peleen entre sí». (Thich Nhat Hanh, 1996; p. 149)


Si aplicamos estos consejos a los tres casos que mencionamos anteriormente, tenemos que:

  • Relaciones interpersonales. Distinguir si la negligencia o mala intención que hemos observado en el otro implica poco o mucho peligro o malestar para nosotros mismos (¿serpientes pequeñas o grandes?). Y preguntarnos, a continuación, si estamos dispuestos a invertir nuestra energía mental, emocional y física en intentar resolver el conflicto, o si preferimos simplemente hacer un paso al costado, y seguir nuestro camino. Siempre podemos elegir participar en una batalla, o bien, dejarla pasar (¿cuán fuerte me siento esta vez? ¿qué quiero realmente hacer al respecto?).

  • Proyectos. Discernir si de verdad queremos continuar o no con el proyecto que hemos iniciado, independientemente de lo que opinen los demás. Clarificar cuáles son mis auténticas motivaciones y objetivos (conocer a la serpiente y conocerme a mi mismo).

  • Autoconocimiento. Nunca será tarea fácil ni rápida enfrentarnos a nuestro ego, a los aspectos más rígidos e inmaduros de nuestra personalidad. Es frecuente sentir vergüenza, bronca, tristeza, ansiedad… cuando esos aspectos ‘flojos’ de nosotros mismos quedan en evidencia ante las personas que queremos o simplemente ante nuestra propia autoobservación (las serpientes salen a la luz). Desde la práctica del Mindfulness se nos invita a mirarnos sin juzgarnos ni desanimarnos, con aceptación y compasión. Este es el único modo de transformar realmente nuestras sombras en luz.

«En las profundidades de nuestra consciencia habitan las semillas de nuestras potencialidades, pero también serpientes venenosas, fantasmas y otras criaturas desagradables. Y aunque todo eso está oculto, controla nuestros impulsos y acciones. Si queremos libertad, debemos invitar a esos fantasmas a salir a la luz de la consciencia, no pelear contra ellos, como el anciano que cazaba serpientes, sino amigarnos con ellos. Si no lo hacemos, nos molestarán todos los días. Si aguardamos el momento correcto de invitarlos a salir a la luz, podremos encontrarnos con nuestros fantasmas y, eventualmente, se volverán inofensivos». (Thich Nhat Hanh, 1996; pp. 149-150)

Así es. A medida que vamos iluminando con la luz de la consciencia lo que subyace en la sombra de nuestros automatismos mentales, podemos comenzar a hacer las pases con los aspectos menos agradables de nosotros mismos, tratarnos con amabilidad, y desde esa actitud correcta de observación no judicativa, nos volvemos más sinceros y compasivos con nosotros mismos. Y a partir de ahí, se abre para nosotros la posibilidad de un cambio auténtico, no fingido, no para agradar y satisfacer las expectativas de los otros, sino un cambio cuyo único fin sea nuestro auténtico bienestar.

No tengamos miedo de encontrar serpientes en nuestro camino, si el suelo es fértil seguramente habrá flores y también serpientes. Tampoco renunciemos a seguir buscando flores y disfrutando de su fragancia por temor a las posibles serpientes. Eso no significa que debamos ser tan ingenuos como para no observar con atención dónde ponemos nuestros pies, manos, corazón.


El Mindfulness, como modo de vida, nos invita a cultivar tanto la atención como la compasión y el agradecimiento por todo lo que el universo nos ofrece. A veces son flores, a veces son aprendizajes disfrazados de serpientes. Tomemos inteligentemente lo que mejor contribuya a nuestro bienestar. Así, si nosotros nos sentimos en paz, agradecidos, felices, eso mismo transmitiremos al mundo.

Hasta la próxima,


Marcelo Aguirre



Referencias

  • Thich Nhat Hanh (1996). Fragrant Palm Leaves


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