• Marcelo Aguirre

Cerebro social y bienestar



Algunos ejes de análisis de la conducta


La conducta humana es compleja, por supuesto; depende de numerosos factores. Cuando decimos 'conducta' no nos referimos sólo a lo que vemos que hace o dice un individuo —el comportamiento— sino que la conducta incluye también los procesos mentales que subyacen y acompañan al comportamiento.


Además, para explicar una conducta, cualquiera sea, debemos tener presente diversos ejes de análisis. Entre los ejes transversales que explican la conducta humana, en general, se hallan, por un lado, la relación bidireccional que existe entre la mente y el cuerpo y, por otro, la que se establece entre el individuo y la situación (Morris & Maisto, 2009).


Respecto al eje mente-cuerpo es importante señalar que, desde un punto de vista neurocientífico, la mente y el cerebro son inseparables:

«Puede considerarse a la mente como el cerebro en sí mismo con sus actividades. Desde este punto de vista, la mente es esencialmente ambos, el órgano anatómico y lo que este hace». (A.P.A. Dictionary of Psychology, online - 'Mind')

Y, en relación al eje individuo-situación, desde el punto de vista de la conducta humana, tenemos que reconocer que tampoco puede existir uno sin el otro. En cualquier situación de interacción interpersonal el individuo aporta su subjetividad —pensamientos, creencias, percepciones e interpretaciones, emociones, motivaciones, hábitos previos, etc.— y la situación no sólo aporta estículos que activan diversas respuestas en quienes participan de la interacción, sino que las circunstancia mismas de la situación predisponen a diversos estilos de respuesta —por ejemplo, una palabra 'amable' o, por el contrario, que suene 'agresiva' predispondrán en los sujetos intervinientes respuestas del mismo tipo—.


Programados para conectar


Además, la interacción entre ambos ejes, mente-cuerpo e individuo-situación, da como resultado diversos tipos de 'aprendizaje' en quienes interactúan, lo que implica una modificación —más o menos duradera— en nuestro sistema neuronal. Y la interacción social, interprersonal, no es algo que podamos considerar secundario u 'opcional', sino que, por el contrario, constituye un componente vital, esencial de nuestra biología y funcionamiento como seres humanos.

«El descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás, ya que el mismo diseño del cerebro nos torna sociables, al establecer inexorablemente un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos. Ese puente neuronal nos deja a merced del efecto que los demás provocan en nuestro cerebro —y, a través de él, en nuestro cuerpo— y viceversa». (Goleman, 2006; p. 10)

¿A qué se refi