• Marcelo Aguirre

A mayor gratitud, menor ego

«En la vida ordinaria, apenas nos damos cuenta de que recibimos mucho más de lo que damos y que solo es con la gratitud que la vida se enriquece». ~ Dietrich Bonhoeer

El poder de la gratitud


Piensa en la última vez que recibiste un agradecimiento explícito por algo bueno que hiciste. ¿Cómo se sintió recibir ese agradecimiento? Decir ‘gracias’, ‘aprecio esto de verdad’, puede considerarse una variante de las palabras de afirmación, uno de los principales modos en que los seres humanos intercambiamos afecto (ver artículo).


Según una creciente cantidad de estudios en los últimos años, intercambiar expresiones de agradecimiento es uno de los principales predicadores de buen funcionamiento en diferentes tipos de relaciones humanas: amistad, pareja, familia, trabajo (Emmos, 2008). Además, en un estudio realizado en los Estados Unidos en 2018, se ha observado que aquellas personas que practican habitualmente el agradecimiento explícito —mediante palabras y gestos— reportaban elevados indicadores de bienestar percibido o ‘felicidad’, bajos índices de estrés, ansiedad y depresión; relaciones más saludables; mejor calidad de sueño y mayor rendimiento en tareas cotidianas, estudio y trabajo (Duprey, 2018).

La gratitud aporta múltiples efectos, saludables y cuantificables, a nuestra vida cotidiana. La gratitud es accesible y fácil de practicar para cualquier persona. Nunca serás demasiado mayor ni demasiado joven, ni demasiado rico o demasiado pobre, para vivir agradecido. Podemos agradecer en cualquier etapa de la vida (…) Cada vez que agradecemos creamos satisfacción y felicidad en nuestra vida, paz interior, salud y satisfacción. (Emmos, 2016)

¡Quién lo hubiera pensado! Tantos valiosos beneficios a nuestro alcance, siempre, en cualquier momento y lugar, sin importar las circunstancias, y con tan poco coste: basta con mirar con atención lo que tenemos hoy y decir ‘gracias’, ‘lo aprecio mucho’....

Sin embargo, por diferentes motivos —entre los que se cuentan la educación, condicionamientos de nuestra personalidad, pautas culturales, determinados modos establecidos de funcionamiento interpersonal— no siempre agradecemos o, en otros casos, no siempre expresamos nuestro agradecimiento.

La práctica de la gratitud es uno de los aprendizajes cultivados por el Mindfulness, puesto que para agradecer debemos dirigir nuestra atención directamente al momento presente (Economou, 2021), a la experiencia del aquí y ahora, dejando de lado los juicios descalificadores y los pensamientos negativos que forman parte del funcionamiento ordinario de la mente, el ‘piloto automático’.



Antídoto contra los patrones nocivos de la mente


La práctica de la gratitud es un potente catalizador de emociones positivas, como la alegría, el amor, la paz, porque cuando agradecemos apreciamos conscientemente lo bueno que la vida pone a nuestro alcance; nos sentimos impulsados a hacer algo positivo por los otros; y sentimos que no estamos solos ni desamparados. Al contrario, cuando agradecemos, somos más conscientes de que contamos con el apoyo de otros y, en términos más generales, contamos con el ‘sostén’ del universo. Y esto, en un sentido bien concreto; cada vez que apreciamos la belleza de un atardecer, el aroma del café, la mirada de un ser amado… podemos pensar que es la vida, el universo —algunos dirían Dios— que nos está obsequiando un motivo más para sonreír y agradecer.


Adem