• Marcelo Aguirre

Libertad para errar y aprender



El error, al igual que el dolor, es una experiencia humana que suele ser malinterpretada. Excepto en algunas dolencias crónicas, el dolor es útil; es un indicador de que necesitamos ocuparnos de algo, necesitamos cambiar algo, necesitamos hacer algo por nuestro bienestar. Y por lo tanto, el dolor como indicador no es algo de lo cual debamos librarnos rápidamente y 'sin pensar', sino que es una invitación a observarnos, a reconocer que hay algo en nosotros —o en nuestro entorno— de lo que necesitamos ocuparnos.


Con el error sucede algo similar que con el dolor. El error, en tanto experiencia humana, tampoco es algo que tengamos que eliminar completamente —y, aunque quisiéramos, ¡no podríamos hacerlo!—. Hay muchísimos aprendizajes humanos que no hubiesen sido posibles sin ensayo y error.

«Pretendemos hacer las cosas bien a la primera y que todo salga perfecto, y, a causa de esta actitud, nos olvidamos de que todo en esta vida requiere de un proceso de aprendizaje, cuya base es la estrategia o el modelo de aprendizaje de ensayo y error». ~ Navarro (2018; p. 42)

Como seres humanos, necesitamos cambiar la culpa y la autocensura moralista por el compromiso con nuestro aprendizaje vital. Sabiamente, Mahatma Gandhi solía decir que: No vale la pena tener libertad si no incluye la libertad de cometer errores. Con 'libertad' para cometer errores, debemos aclararlo, no se refería a la irresponsabilidad de quién mira para otro lado, sin hacerse cargo de las consecuencias de sus propias acciones, decisiones, omisiones y procrastinaciones. Con esta máxima, Gandhi está reconociendo y aceptando, con realismo, que todo aprendizaje humano implica necesariamente una cuota de error.