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Tomar decisiones difíciles: Cinco consideraciones



«Todos los cursos de acción son arriesgados, por lo que la prudencia no es evitar el peligro —eso es imposible—, sino calcular el riesgo y actuar con determinación (...) Desarrolla la fortaleza para hacer cosas valientes, no la fortaleza para seguir sufrimiendo». ~ Nicolás Maquiavelo (1532, El Príncipe)

Tomar decisiones difíciles puede ser estresante y abrumador. Por ese motivo, es muy común procrastinar, lo que es igual a 'acumular la basura bajo la alfombra', 'olvidar el caldero en el fuego', 'esperar a que la vela se consuma' —metáforas de procrastinación sobran—, suponiendo que tendremos un tiempo ilimitado para 'decidir después'.


¿Quién tiene tiempo ilimitado para decidir, excepto en el plano ilusorio de nuestra fantasía? En fin. Pero, si eliges salir de la procrastinación y pasar a la acción para cambiar del rol de víctima al de protagonista de tu propia aventura —aunque, por supuesto, en esto no hay reglas universales— los siguientes son puntos que deberías considerar para decidir de un modo reflexivo y sin sacar los pies de la tierra.


1. Autoconocimiento


Cuando estamos preocupados por una situación importante a resolver, nuestra mente no descansa durante el día —y, a veces, tampoco durante la noche— procurando llegar a conocer con certeza qué hacer, cómo y cuándo hacerlo. Inmersos esa búsqueda de hallar la solución al problema que nos acusa, muchas veces olvidamos que el autoconocimiento es una condición esencial para tomar decisiones difíciles. Así es, al comprender más y mejor nuestros valores, necesidades y motivaciones, más claro tendremos lo que queremos y lo que no, y mejor podremos orientarnos a tomar decisiones que se alineen con nuestros objetivos y prioridades.

«Si comprometes tus valores fundamentales, no vas a ninguna parte (...) No dejes que las expectativas y opiniones de otras personas afecten tus decisiones. Es tu vida, no la de ellos. Haz lo que más te importa; haz lo que te haga sentir vivo y feliz». ~ Roy T. Bennett (2016)

Decidir basados en el conocimiento que tenemos de nosotros mismos, en coherencia con lo que somos y queremos, nos ayuda a evitar tomar decisiones para complacer compulsivamente a los otros, o basadas en el temor a ser rechazados, criticados o incomprendidos. Por el contrario, el conocimiento de nuestras potencialidades, temores y anhelos, nos permite elegir siendo honestos y comprometidos con nosotros mismos.


Aumentar nuestro autoconocimiento significa aprender a identificar nuestras emociones, pensamientos y patrones de comportamiento, y comprender cómo estos afectan nuestras decisiones y relaciones con los demás. Ahora bien, ¿cómo aumentamos nuestro autoconocimiento?


Algunos recursos para aumentar nuestro autoconocimiento son: la meditación —especialmente la práctica del Mindfulness, la observación serena, sin juicio, de lo que ocurre en nuestro interior y cómo se relaciona ello con el exterior—; podemos reflexionar sobre nosotros patrones de personalidad utilizando el Eneagrama; también será útil llevar un diario de nuestros pensamientos y emociones; e incluso, trabajar con un terapeuta o coach de vida por un tiempo.


2. Pragmatismo sano


Al momento de tomar una decisión importante, es conveniente ser realistas. Me gusta llamar pragmatismo sano a la práctica habitual de considerar las opciones más viables entre las disponibles, sopesando los pros y contras de cada posible decisión, y las consecuencias de cada una en relación a nosotros y a los demás (a diferencia de un pragmatismo egoísta que sólo pensaría en sí mismo), y tendiendo en mente el mediano y largo plazo.


Este último punto es muy importante. Porque si sólo consideramos el corto plazo, es muy probable que nuestra decisión sea la equivocada. Si un adicto, por ejemplo, pensara sólo en el corto plazo, la sensación placentera inmediata que recibe de las drogas, ¿cómo decidiría dejar de drogarse? Comenzará a querer dejar las drogas a partir de tomar conciencia de los efectos nocivos de la adicción —desregulación emocional, disminución de la salud de diversos órganos, dificultades recurrentes en las relaciones interpersonales, disminución del rendimiento en diversas actividades...— que son los efectos que sólo se ven en el mediano y largo plazo.


Mirando más allá del corto plazo, analizando pros y contras —para nosotros y para los otros— de cada posible decisión, podremos tener más claridad para elegir la mejor opción.


Ahora bien, ¿por dónde empezar el proceso del pragmatismo sano y cómo seguir?


  • Primero, necesitamos hacer una lista de las opciones disponibles, es decir, clarificar cuáles son las posibles decisiones a tomar.

  • Segundo, hacer una lista de los pros y contras de cada posible decisión —e incluso visualizar los escenarios resultantes— en el mediano y largo plazo.

  • Tercero, en ocasiones es útil buscar el consejo profesional de un terapeuta o coach de vida, para identificar y disolver (o al menos flexibilizar) bloqueos o dificultades emocionales que nos impidan dar el paso final de la decisión. También podemos buscar el consejo de personas de confianza con experiencia en el tema que nos preocupa, pero es importante tener presente que la decisión final es siempre nuestra.

  • Cuarto, decidir y comunicar la decisión a los involucrados, en caso que corresponda.



3. Comunicación (expresar y escuchar)


La comunicación es una parte esencial de tomar decisiones difíciles. En cualquier situación que requiere tomar decisiones importantes, es esencial practicar una expresión clara y explícita —sin dejar temas importantes implícitos o 'suponer' que el otro/los otros ya lo saben— de modo que podamos expresar lo que queremos y lo que no queremos, lo que pensamos y sentimos al respecto. Ser honesto y directo sobre nuestras necesidades y expectativas permite a los demás entenderlas y respetarlas.


Y no olvidemos que comunicar es más que hablar/expresar, también implica apertura de nuestra parte a escuchar respetuosamente lo que el otro/los otros tienen para decir. Al escuchar con atención y sin juzgar, como enseña el Mindfulness, podemos obtener una comprensión más profunda de la perspectiva de los demás y cómo se relaciona con nuestra propia perspectiva. Y de esa comprensión profunda puede nacer la decisión correcta (o la menos nociva) acorde a las circunstancias de cada caso.


4. Negociación


En algunas situaciones difíciles, la decisión debe ser fruto de una negociación entre las partes involucradas para llegar a una solución más satisfactoria. La negociación un tipo particular de comunicación en el que se busca llegar a un acuerdo entre las partes. Es importante ser claro en la comunicación de cuáles son nuestras necesidades y expectativas, y estar dispuesto a escuchar y considerar las necesidades y expectativas de los demás, sabiendo que en un acuerdo todas las partes deben ceder algo para conseguir algo.


Toda negociación requiere de límites bien delimitados en relación a hasta dónde exigir, hasta dónde ceder, para ambas partes. Establecer límites nos permite cuidar de nosotros mismos y mantener relaciones saludables con los demás. También es importante recordar que los límites pueden cambiar con el tiempo y que está bien re-evaluarlos y ajustarlos según sea necesario.


Es importante, también, tener en cuenta que el límite de hasta dónde ceder en una negociación, en última instancia está dado por los valores, los nuestros personales y aquellos valores sociales básicos que sustentan cualquier relación humana armónica y justa: el respeto mutuo, la sinceridad al comunicar, el compromiso con la palabra dada. Si cedemos para llegar a un acuerdo o evitar la prolongación de un conflicto pero a costa de nuestros valores personales o sin considerar los valores sociales básicos , la decisión nunca será satisfactoria ni saludable para las partes involucradas.


5. Autocompasión


La autocompasión también es crucial a la hora de tomar decisiones difíciles y establecer límites. Ser amables y comprensivos con nosotros mismos nos permite reconocer y aceptar nuestras limitaciones y errores. También nos ayuda a mantener la perspectiva y no empantanarnos en emociones negativas como la culpa o la vergüenza, y seguir avanzando.

«Debes tomar la decisión de seguir adelante. No sucederá automáticamente. Tendrás que levantarte y decir: "No me importa lo difícil que sea esto, no me importa lo decepcionado que esté, no voy a dejar que esto se apodere de mí. Estoy avanzando con mi vida"». ~ Joel Osteen (2004)

En suma, es indiscutible que necesitamos avanzar en la vida, en múltiples sentidos, porque la vida, en su naturaleza más profunda, es movimiento, cambio, adaptación, invención y reinvención. Y para avanzar necesitamos tomar decisiones, algunas tan difíciles como necesarias, porque no siempre mantener el status quo es una opción.


Y aunque tomar ciertas decisiones es de vital importancia, pocas veces se trata de algo sencillo. Tomar decisiones en cuestiones realmente importantes nos desafía porque requiere que: (1) reconozcamos nuestros valores y motivaciones más profundas; (2) seamos pragmáticos en el análisis de opciones, consecuencias, pros y contras; (3) ejercitemos la comunicación clara y (4) la negociación flexible con los otros, estableciendo límites saludables en tiempo y forma; (5) cultivando una actitud de autocompasión que nos permita ir más allá del autorreproche y la culpa. Al fin y al cabo, como seres humanos somos capaces de decidir, acertar y equivocarse, aprender y evolucionar.


Les propongo que cada uno se pregunte: ¿Cuál es la siguiente decisión difícil que debo tomar en mi vida? Y los invito a aplicar en ello las cinco consideraciones.


Hasta la próxima,

Marcelo Aguirre



Referencias

  • Bennett, Roy T. (2016). Light in the Heart

  • Osteen, Joel (2004). Your Best Life Now: 7 Steps to Living at Your Full Potential


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