• Marcelo Aguirre

Sentidos de 'catarsis': Purgando hábitos nocivos



Decía el gran filósofo y matemático alemán del siglo XVIII, Gottfried Wilhelm Leibniz:

Siendo que todo estado presente es naturalmente una consecuencia del estado precedente, el presente está preñado de porvenir. (Monadología, #22)

Y es así. ¡El presente está preñado de porvenir! Nuestro presente encierra potencialmente un sinnúmero de posibilidades. Sin embargo, hay una voz pesimista en nuestra mente —seguramente la identifican y, si no, los invito a prestarle atención—, una voz que se activa automáticamente y se alza contra todo intento deliberado de optimismo y esperanza; no pocas veces nos susurra —oscurecida como está por experiencias negativas que surgen del pasado— diciéndonos: '¡No! Ya sabes que no va a suceder lo que tanto quieres y deseas, no tiene caso, mejor olvídalo...'


Ahí está. Va con nosotros adonde quiera que vayamos. Es la voz del ego. Esa voz multiforme —a veces orgullosa, a veces hipercrítica y exigente, otras veces pesimista, en cualquier caso automática— no para de emitir juicios sesgados por experiencias negativas del pasado y expectativas del presente. Aún cuando, en última instancia, su función sea intentar protegernos de cometer viejos errores, esa misma voz, seria y cínica, cuanto más rígida —menos flexible— más nos quita la oportunidad de sacar provecho de las posibilidades que el presente nos nos ofrece, como semillas que podrían dar fruto en el futuro cercano o remoto.


Exceso, adicción y catarsis