• Marcelo Aguirre

El Eneagrama en el afrontamiento de las crisis


¿Cómo puede ayudarnos el Eneagrama cuando nuestras torres se derrumban?

Las crisis son algunas de las más significativas experiencias humanas. Todos nosotros, en algún momento, hemos pasado por ese trance. Una crisis puede durar poco tiempo, días, e incluso años. Sin embargo, lo que principalmente caracteriza una crisis no es su duración sino lo que ella significa para cada uno de nosotros. En términos generales, una crisis implica una experiencia de profundo shock, una conmoción de lo más profundo de nuestro ser, un resquebrajamiento de aquello que hasta ese momento teníamos por seguro, firme o duradero. Cuando estamos en medio de una crisis sentimos que las bases y estructura de nuestro ser, los valores sobre los que construimos aquello que es valioso en nuestra vida, se sacuden fuertemente, incluyendo nuestro bienestar físico, mental, emocional, e incluso espiritual. Por tanto, experimentamos que disminuye nuestra auto-confianza, nuestro sentimiento interno de seguridad, estabilidad, y se ve afectada nuestra rutina cotidiana. Especialmente es sacudida nuestra rutina. Una crisis puede ser producida por una enfermedad, una separación, o una pérdida; lo cual conlleva una experiencia dolorosa, shockeante, incluso algunas veces la crisis puede ser para nosotros una experiencia traumática. La crisis abre una grieta irreparable en nuestra rutina, a la que podemos denominar nuestra “torre”. La rutina, la torre, puede ser para nosotros una especie de prisión en la cual estamos encerrados, una prisión que hemos construido con el tiempo por medio de nuestras acciones, omisiones, o simplemente por medio de cierta energética atracción de aquello que nos hace sufrir, incluso aunque estemos acostumbrados a ello.

[La Torre, Arcano Mayor N° XVI,

Tarot de Cristal, de Elisabetta Trevisan]

Surgido en el siglo XIII, el Tarot ―especialmente los 22 Arcanos Mayores― contiene imágenes que simbolizan algunas de las más significativas experiencias humanas. La Torre representa una crisis vital; un quiebre profundo en nuestro modo de vida; pero también simboliza un cambio, un giro, un punto de inflexión que puede conducirnos a un aprendizaje de vital importancia, un insight; una experiencia que, aunque dolorosa, constituye una oportunidad para madurar; una experiencia que siempre implica cier