• Marcelo Aguirre

La dimensión espiritual del desarrollo personal



Si atendemos a la tradición filosófica occidental, los antiguos griegos postularon que el ser humano era portador de psique y nous. La palabra psique, traducida antiguamente como ‘alma’ y modernamente como ‘mente’, comprendía tanto las funciones vitales básicas —nutrición, crecimiento, reproducción— como también, en el ser humano, el lenguaje y el pensamiento racional, el logos.


Por otra parte, el nous, traducido tradicionalmente como ‘espíritu’ alude a una instancia puramente inmaterial e imperecedera, eterna, presente en el ser humano, más allá de las necesidades biológicas e incluso más allá del alcance del lenguaje racional y simbólico, de modo que las experiencias noéticas o espirituales son comúnmente apofáticas, esto es, intuitivas y difíciles —si no imposibles— de expresar en palabras.


Esta distinción entre psique y nous se encuentra de trasfondo en la propuesta de Abraham Maslow, en tanto que en su jerarquía de necesidades humanas distingue necesidades biológicas (alimento y abrigo), materiales (techo, acceso a la salud), socio-afectivas (grupos de pertenencia, relaciones de amistad y pareja, y reconocimiento social), y finalmente las necesidades espirituales. Estas últimas, según Maslow, implican una orientación activa de cada persona hacia los valores, dimensión inmaterial de la vida, que otorgan sentido trascendente a la propia existencia —por ejemplo, libertad, creatividad, altruismo, justicia, honestidad, belleza, etc.—.


Cuando las personas no alcanzan a satisfacer cualesqueira de las necesidades humanas, surge la patología, ya somática, ya psíquica (o psicosomática), ya espiritual. Las patologías físicas son enfermedades médicas. Las patologías psíquicas o psicosomáticas son de tipo emocional/mental. La patología espiritual (llamada por Maslow, 'metapatología') tiene por raíz una insatisfacción de la persona en el plano de los valores. Esto es, la persona no ha identificado aún cuáles son los valores que dan sentido a su vida, o bien, después de haberlos identificado, no se ha orientado activamente a cultivarlos.


Una vida sin valores es como un barco sin timón, sobre las olas y altibajos de la vida. Viktor Frankl (1946) denominó ‘depresión noogénica’ al sinsentido por deprivación axiológica, es decir, la desorientación existencial y el nihilismo por falta de reconocimiento de los propios valores y falta de orientación activa hacia ellos.



Según Maslow, no existe una dicotomía entre las necesidades básicas y las necesidades superiores, es decir, el ser humano como tal para gozar de salud integral y equilibrio general en su cuerpo, mente (incluyendo los planos individual y socio-relacional) y espíritu, necesita satisfacer todos esos planos.