• Marcelo Aguirre

Resurgir desde el vacío: Nueve experiencias transformadoras


Hablar de la experiencia del vacío es todo un desafío. En lugar de enfrentarlo, muchas veces quizás ‘le sacamos el cuerpo’, es decir, evitamos experimentar el vacío porque nos resulta naturalmente incómodo.


La propuesta que subyace a estas líneas es desmitificar la experiencia del vacío como si fuese algo terrible o insoportable, para no huir de ella intentando —inútilmente— taparla con diversas distracciones, sino mirarla desde una perspectiva reflexiva, de observación serena y aceptación ya que, por un lado, es una experiencia humana universal e inevitable y, por otro, estoy seguro que podemos sacar provecho de ella para nuestro desarrollo personal.



Vacío ilusorio y vacío pleno


Para entrar en contexto, tenemos que decir que hay un vacío que es ilusorio, lo que uno comúnmente se supone que es el vacío y que, por eso, muchas veces tendemos a escapar, a huir de él, a distraernos… El vacío ilusorio se relaciona con la idea de que el vacío es una suerte de ‘nada’. ¿Cómo entender esto? Sin necesidad de irnos directamente a un plano netamente metafísico, pensemos qué pasa cuando intentamos matar a un mosquito o una cucaracha o cualquier otro insecto. La experiencia es la misma. ¡No se deja matar! Entonces, todo ser vivo, aunque no tenga uso de razón ni conciencia, huye del ‘dejar de ser’, de lo que siente como amenaza para su existencia, intenta preservar su vida, se esfuerza por seguir existiendo. Algo similar pasa con nosotros, cuando identificamos el vacío con la nada. Podríamos pensar, ‘Bueno, si experimentar el vacío significa que voy a dejar de ser, que voy a dejar de existir, entonces no quiero experimentarlo’.


Hay, sin embargo, otro modo de entender al vacío, relacionado con la experiencia de la finitud, en primer lugar, y con la observación desapegada, en segundo lugar. A este vacío podemos llamar 'vacío pleno’, pleno de significado, del cual adquirimos un nuevo sentido y propósito. Cuando entramos en la experiencia del vacío pleno tocamos fondo y experimentamos que la realidad es finita, limitada y limitante para nuestras ilusiones mentales. Después de esta experiencia del vacío como finitud, resurgimos renovados, distintos. Metafóricamente, esta experiencia está bien representada en aquella célebre escena de El Señor de los Anillos, en la que Gandalf, enganchado por el látigo del Balrog, cae junto con él al abismo y, pese a ello no murió, no fue aniquilado en el vacío, sino todo lo contrario. De allí resurgió un nuevo Gandalf, más humano, incluso, que antes de esta experiencia, más tolerante y mucho más sabio. A esto me refiero con vacío pleno, o bien, el vacío como experiencia transformadora, transforma porque a partir de esta experiencia tomamos contacto con nuestra propia finitud, y de ello surge un viraje en nuestras vidas, un cambio de orientación y un nu