IFS para sanar nuestras heridas

Introducción:
Del encuentro con nuestros protectores a la liberación de las cargas
En los artículos anteriores (→ 1 | → 2) exploramos la multiplicidad de la mente, las partes protectoras y vulnerables, el Self y la manera en que nuestros sistemas internos participan en nuestros patrones y relaciones. Ahora podemos avanzar un poco más.
IFS (Internal Family Systems), el modelo psicoterapéutico desarrollado por Richard Schwartz, propone que comprender intelectualmente nuestros patrones es importante, pero no siempre suficiente para modificarlos.
A veces identificamos perfectamente un patrón y, sin embargo, seguimos repitiéndolo. Por ejemplo, sabemos que reaccionamos con demasiada intensidad ante determinadas críticas; o reconocemos nuestra tendencia a controlar cuando sentimos incertidumbre; o nos damos cuenta de que nos alejamos justo cuando una relación comienza a volverse íntima. Incluso podemos comprender de dónde viene todo eso, la relación que esos patrones tienen con nuestra historia. Y aun así, algo dentro de nosotros a veces continúa reaccionando como antes.
Algunas de nuestras formas de protegernos están organizadas alrededor de experiencias emocionales que, aunque corresponden al pasado, siguen teniendo, para alguna parte de nosotros, una cierta cualidad de presente.
Desde IFS, el proceso de sanación y cambio profundo ocurre cuando nuestros protectores comienzan a confiar lo suficiente como para permitirnos acercarnos a aquello que protegen. Porque, desde esta perspectiva, sanar no consiste simplemente en modificar una conducta ni en convencer a una parte de que ya no debería sentir lo que siente. Sanar implica acercarnos con curiosidad, respeto y compasión a aquello que nuestros protectores han estado intentando mantener a salvo: la herida o las partes exiliadas.
1. Conocer al protector que está detrás de un patrón
Imaginemos a alguien que necesita anticiparlo todo; organiza, revisa, controla, piensa diferentes escenarios posibles. Cuando algo escapa de sus previsiones, aparece ansiedad. Vista desde afuera —e incluso desde su propia mirada— puede parecer simplemente una persona excesivamente controladora. IFS, sin embargo, nos invita a dejar de lado el juicio y el prejuicio y a acercarnos con genuina curiosidad a nuestras partes. Antes de juzgarlas o pretender cambiarlas, les preguntamos:
¿Qué teme que suceda esa parte si deja de controlar (o hacer lo que hace)?
Tal vez descubramos que esa parte intenta evitar repetir una experiencia en la que se sintió impotente. Quizá aprendió muy temprano que estar preparado era la mejor manera de no volver a sentirse indefenso. Quizás hay otra razón que necesitamos escuchar.
Es decir, detrás de todas nuestras partes y de lo que ellas hacen hay una historia y un contexto en el que tuvo sentido aquello que aprendieron a hacer (controlar, evitar, complacer, reaccionar o lo que sea que hagan).
Esto no significa que toda conducta protectora sea saludable ni que debamos justificar sus consecuencias. Significa aprender a distinguir entre la estrategia utilizada, la intención que la sostiene y el contexto en el que surgió una determinada conducta que luego podría haberse convertido en un patrón.
Y en este punto es importante recordar un supuesto clínico de IFS que Schwartz (2021, p. 24) expresa de manera radical:
“Incluso las partes más destructivas tienen la intención de protegernos”.
Y así, una parte puede repetir compulsivamente una conducta (controlar, atacar, evitar, anestesiarse o desconectarse...) con la intención de impedir que algo que considera todavía más doloroso vuelva a ocurrir.
Por eso, en IFS, un protector no es visto como un obstáculo que debemos atravesar cuanto antes para llegar a lo “verdaderamente importante”, la herida que queremos sanar, sino que trabajar con el protector —reconocerlo, validar su esfuerzo sin justificar sus estrategias, aliviar sus cargas e intentar flexibilizarlo— es un paso necesario y esencial del proceso de sanación.
Antes de intentar abrir la puerta que custodia un protector, necesitamos conocer, dialogar respetuosamente y familiarizarnos con quien lleva años vigilándola. Sin ello, avanzar nos será imposible después de haber llegado a cierto punto. Lo que a veces se considera “resistencia” y “estancamiento” en un proceso terapéutico o en el trabajo personal podría indicar un trabajo insuficiente con los protectores.
Práctica: escuchá antes de intentar modificar
Podemos elegir un patrón cotidiano que conozcamos bien —evitación, autoexigencia, necesidad de control, aislamiento— y preguntarnos:
• ¿Qué intenta conseguir esa parte de mí que tiene este patrón?
Y después:
• ¿Qué teme que podría ocurrir si dejara de hacer lo que hace?
Seamos pacientes; no siempre obtendremos una respuesta inmediata a esas preguntas. A veces lo más importante es que nuestra actitud cambie: de intentar eliminar una determinada conducta a comenzar a escuchar a la parte de donde se origina esa conducta y a comprender qué la lleva a sostenerla.
2. Cuando dos protectores tiran en direcciones opuestas
No siempre las contradicciones que habitan en nuestra mente provienen de un conflicto entre una parte protectora y una vulnerable. A veces son dos protectores los que asumen roles polarizados. Como cuando una parte quiere acercarse a alguien —aunque esa persona no haya mostrado ser la mejor compañía— simplemente porque teme quedarse sola. Mientras que otra parte en nuestro interior quiere alejarse porque teme volver a ser herida. O cuando una exige trabajar más para evitar el fracaso. Mientras que otra procrastina, se distrae o se desconecta porque ya no soporta tanta presión. Cuanto más empuja una, más intensamente responde la otra. Podemos observar entonces una especie de tira y afloje interior. Y podemos identificarnos alternativamente con cada extremo: por la mañana estamos convencidos de una cosa y por la noche de la contraria.
Desde IFS, la pregunta deja de ser “¿cuál de las dos partes tiene razón?” y pasa a ser: “¿Qué está intentando proteger cada una?”. Ambas pueden estar intentando protegerse de una misma vulnerabilidad desde estrategias opuestas, polarizadas.
Esta mirada cambia nuestra relación con las contradicciones y conflictos en nuestro interior. Ya no necesitamos elegir rápidamente un bando. Podemos comenzar a escuchar el miedo, la culpa o el enojo que organiza a ambos extremos.
Práctica: dibujá tu polarización
Pensá en un conflicto interno recurrente y completá:
• Una parte de mí quiere…
• Otra parte de mí quiere…
Después, imaginate estar frente a ambas y preguntale a cada una:
• ¿Qué temés que ocurra si la otra consigue lo que quiere?
Quizá descubras que detrás de dos estrategias aparentemente incompatibles existe una intención compartida: intentar protegerte de algo doloroso o incómodo.

3. Acercarnos al exiliado sin desbordarnos
Cuando los protectores comienzan a confiar en el Self —ese estado de claridad y compasión que habita en todos nosotros—, puede salir a la luz con más facilidad aquello que estaban intentando proteger las partes polarizadas.
IFS llama exiliados a las partes que suelen cargar emociones, recuerdos o creencias dolorosas vinculadas con experiencias del pasado: miedo, vergüenza, soledad, desamparo, sensación de no ser valioso o de no merecer amor... El nombre de estas partes proviene de que han sido relegadas por los protectores a algún rincón de la mente para que podamos “funcionar” en el día a día, sin sentirnos desbordados por el dolor que ellas cargan.
Acercarnos a las partes exiliadas no significa sumergirnos sin más en su dolor. Hay una diferencia importante entre estar completamente absorbidos ('blended') por una experiencia y estar presentes junto a ella desde la energía del Self, con serenidad y compasión. Podemos imaginar que esa diferencia se parece a mojarnos junto a alguien que está bajo el agua y el viento durante una tormenta, o bien, acercarnos con un paraguas a conversar con quien todavía permanece bajo la lluvia. El trabajo terapéutico que IFS propone realizar con nuestras partes heridas y vulnerables se parece más a lo segundo.
En IFS se denomina 'witnessing' (ser testigos de) a permitir que la parte vulnerable pueda mostrar aquello que necesita que conozcamos mientras mantenemos suficiente presencia en conexión con la claridad, calma, curiosidad, compasión y demás cualidades del Self. Este proceso terapéutico no consiste simplemente en recuperar recuerdos enterrados en el fondo de nuestra mente ni producir una narración exhaustiva del pasado. El objetivo esta vez es que la experiencia de la parte exiliada pueda ser recibida por nosotros desde la energía del Self, con apertura en vez de rechazo.
Aquello que alguna vez ocurrió dolorosamente en soledad —experiencia que dio origen al sufrimiento del exiliado— ahora puede ser atestiguado en compañía del Self. La parte exiliada ya no está sola. El Self está con ella, dándole hoy el acompañamiento sereno y compasivo que en el pasado anheló tener. Eso lo cambia todo. Porque esta relación entre el exiliado y el Self es la clave de la sanación y la transformación interior.
Pero antes de continuar por el sendero de la transformación, es importante destacar que en el trabajo interior el ritmo importa. Una parte protectora puede decir que todavía no estamos preparados para acceder al exiliado. Puede distraernos, intelectualizar, desconectarnos o simplemente decir: “No voy a permitir que avances más; hasta aquí llegaste”. Y ese límite merece ser escuchado y respetado.
En el trabajo con experiencias potencialmente traumáticas como las que suelen estar vinculadas a las partes exiliadas, profundidad no es igual a velocidad. Pretender forzar una puerta interior puede reproducir precisamente aquella herida que intentamos sanar: que nuestros límites no sean respetados, ¡una vez más!
A veces la intervención más profunda y eficaz en un proceso terapéutico consiste simplemente en que el Self transmita a las partes: “Aquí estoy para acompañarte”. Y esperar. Y avanzar al ritmo establecido por el sistema (la mente de quien protagoniza el trabajo interior, con todas sus partes y Self), y no por una agenda impuesta desde afuera del sistema (el terapeuta, la pareja o familiares del consultante).
4. La parte no es aquello que carga
Quizá una de las distinciones más importantes de IFS sea la diferencia entre una parte y aquello que esa parte ha aprendido a llevar sobre sus hombros. Schwartz (2021, p. 56) escribe al respecto:
“Esta distinción entre las partes y las cargas que llevan es crucial, porque muchos de los problemas del mundo están relacionados con un error que cometen la mayoría de los paradigmas para comprender la mente: confundir la carga con la parte que la lleva”.
IFS utiliza el término carga ('burden') para referirse a emociones, creencias y formas de comprender el mundo que las partes pueden haber adquirido a partir de determinadas experiencias. Nos referimos aquí a creencias clínicamente relevantes, que producen gran parte del malestar que experimentamos en nuestra vida cotidiana, del tipo:
“No soy suficiente”.
“Si confío, me van a abandonar”.
“Necesito hacerlo todo perfectamente”.
“No puedo mostrar debilidad”.
“Estoy solo, nunca podré contar con nadie”, etc.
Cuando una creencia disfuncional y rígida nos acompaña durante muchos años, poco a poco comienza a ser adoptada por la mente como una descripción de cómo “somos”.
Desde IFS podemos preguntarnos:
¿Y si esto que estoy pensando no fuera mi identidad, sino algo que una parte de mí aprendió a cargar?
La distinción es sutil pero profundamente liberadora y transformadora: la parte no es lo que ella carga.
A veces lo que una parte carga no es solo una creencia (un pensamiento que, sin ser cuestionado, se considera “verdadero”); también puede ser un patrón de conducta, un hábito nocivo, un estilo relacional, o todo eso junto.
De cualquier modo, no negamos la historia que dio origen a esas “cargas”. Tampoco intentamos simplemente sustituir una creencia dolorosa por una frase positiva, al estilo de un manual de autoayuda. Ni intentamos justificar acciones nocivas —para nosotros mismos y para los otros— que repetimos una y otra vez, solo porque entendemos cuáles fueron las condiciones que dieron origen a ese patrón.
Desde IFS simplemente comenzamos a distinguir quién es la parte de aquello que tuvo que aprender (carga) para sobrevivir en determinadas circunstancias (contexto pasado).
Pensando en las cargas que todos tenemos, podríamos imaginar a cada persona cargando una pesada mochila. La mochila puede haber acompañado al caminante durante décadas, al punto de que este se acostumbró o resignó a cargarla. Pero el caminante no es la mochila que carga.
Comenzar a distinguir que no somos nuestras creencias, hábitos y patrones nocivos es el primer paso necesario en el proceso de sanación, crecimiento y transformación que comienza a partir de ahí. El siguiente paso será aprender a soltar.

5. Soltar aquello que ya no necesitamos cargar
IFS denomina descargar ('unburdening') al proceso mediante el cual una parte puede desprenderse de cargas que ya no necesita continuar llevando.
No se trata de ordenarle a una parte que abandone una creencia ni de convencerla racionalmente de que el pasado terminó. La transformación aparece cuando algo cambia en su experiencia. Una parte que se sintió sola puede experimentar ahora compañía, no una externa, sino la del propio Self que conoce —como nadie más puede hacerlo— la historia de cada una de nuestras partes.
En otras palabras, la descarga —tanto de exiliados como de protectores— suele ocurrir después de que la parte ha sido suficientemente conocida, su historia atestiguada y aquello que carga acompañado desde el Self.
Una parte que alguna vez se sintió indefensa puede descubrir hoy recursos que entonces no tenía. Una parte que concluyó “fue mi culpa” puede comenzar a reconocer que aquella interpretación pertenecía a las posibilidades limitadas de un contexto pasado.
Schwartz (2021, p. 65), a partir del marco teórico y su propia experiencia clínica, dice sobre el Self algo particularmente hermoso y profundo:
“Además, el Self no puede ser dañado, no necesita desarrollarse y posee su propia sabiduría acerca de cómo sanar tanto las relaciones internas como las externas”.
El modelo IFS propone que, cuando nuestras partes comienzan a desmezclarse de sus roles rígidos (unblending) y a dejar a un lado sus cargas (unburdening), hay mayor espacio en la psique para que poco a poco vayan emergiendo espontáneamente las cualidades inherentes del Self, como curiosidad, calma, claridad y compasión.
Desde otras perspectivas psicológicas podríamos encontrar fenómenos relacionados, por ejemplo, nuevos aprendizajes emocionales o cambios progresivos en nuestra relación con recuerdos difíciles y significados internalizados. Pero sería impreciso afirmar que esos procesos y el 'unblending' y el 'unburdening' de IFS describen exactamente los mismos mecanismos. IFS nos ofrece aquí un mapa clínico y experiencial peculiar.
En mi experiencia como psicoterapeuta, lo que nos propone IFS no es una teoría psicológica ni un modelo psicoterapéutico más. Es una invitación a entrar en un camino experiencial de una profundidad enorme y una simplicidad asombrosa. Es un proceso que dialoga con abordajes somáticos, neurobiología relacional, teoría del apego y prácticas contemplativas basadas en la compasión y el mindfulness. Todo ello integrado en un camino de sanación y transformación que culmina con el “liderazgo del Self”.
De este modo, IFS nos invita a pasar progresivamente de una lógica de víctimas de nuestro pasado a protagonistas de nuestra propia vida, capaces de liderar tanto nuestro interior como de influir positivamente en el mundo con claridad, coraje, calma y compasión. Pero antes de llegar a ese tan deseado liderazgo del Self, necesitamos detenernos un poco más en qué significa sanar desde esta perspectiva.
6. Cuando sana la herida, los protectores también pueden descansar
Imaginemos una parte gerente ('manager') que durante años estuvo convencida de que debía evitar cualquier conflicto a cualquier costo. Y lo hacía porque, detrás de ella, existía una parte vulnerable, exiliada, aterrorizada ante la posibilidad de ser abandonada.
Si esa parte vulnerable comenzara a sentir menos temor al abandono, más calma y seguridad, algo cambiaría también en el protector. Quizá ya no necesite complacer constantemente, anticipar las necesidades de los demás o evitar cualquier desacuerdo. No porque hayamos luchado contra él ni porque hayamos conseguido eliminarlo, sino porque su trabajo dejó de ser tan necesario.
Esto nos permite comprender por qué IFS no busca simplemente eliminar síntomas o conductas problemáticas. En cambio, intenta transformar el sistema de relaciones internas que hacía necesarias esas estrategias. A esta transformación es a lo que IFS llama sanar.
La sanación no borra necesariamente las capacidades que nuestras partes desarrollaron, pero sí puede liberarlas de la urgencia y las cargas que las gobernaban. De este modo, una parte hiperalerta puede conservar su capacidad de percibir riesgos sin vivir permanentemente en peligro. Una parte controladora puede transformar su energía en capacidad de organización. Una parte enojada puede ayudarnos a reconocer y establecer límites. Una parte sensible a las necesidades ajenas puede conservar su empatía sin tener que abandonarse a sí misma.
Schwartz (2021, p. 216) describe esta concepción sistémica de la sanación, diciendo:
“Cuando sanamos cualquier nivel de un sistema humano, reunimos a sus miembros dispersos o polarizados en armonía, haciendo que el sistema vuelva a estar integrado”.
Desde esta perspectiva, integración no significa homogeneidad. No buscamos que todas nuestras partes piensen, sientan o quieran lo mismo. Una orquesta no necesita que todos sus instrumentos toquen la misma nota, sino que hagan sus aportes, escuchándose mutuamente y participando de algo más amplio que cada uno de ellos, bajo la guía del director de orquesta. Algo semejante ocurre en IFS: liderar, guiar y acompañar a todas las partes corresponde al Self. No se trata de que el Self silencie a las partes o se convierta en un nuevo administrador que las controle. Se trata de que las partes puedan comenzar a confiar en que ya no necesitan conducir solas todo el sistema.
Entonces, cuando las partes protectoras y exiliadas comienzan a confiar en el Self y se dejan acompañar e influir positivamente por las cualidades de esta energía —coraje, calma, curiosidad y compasión—, pueden descansar de tener que llevar siempre las mismas cargas y dejar de emplear estrategias extremas o polarizadas —perfeccionismo, preocupación excesiva, complacencia, procrastinación, adicción o patrones malsanos—. Pueden comenzar a ocupar un nuevo rol en el sistema, uno más flexible y adaptativo. Este es otro nivel de lo que IFS entiende por sanar.

7. Sanar no significa borrar nuestra historia
Después de un proceso terapéutico desde el modelo de IFS, podemos seguir recordando aquello que ocurrió. Podemos incluso continuar sintiendo tristeza, miedo o enojo cuando pensamos en determinadas experiencias. Porque sanar no exige convertir nuestro pasado en algo que dejó de importarnos. Sanar implica que, poco a poco, se transforme profundamente la relación que mantenemos con las experiencias del pasado. Esto es, una experiencia que por años nos ha marcado puede seguir condicionando parcialmente nuestras decisiones presentes, pero ya no determinarlas automáticamente.
Cuando accedemos a suficiente energía del Self, una emoción puede aparecer sin apoderarse completamente de nosotros; un protector puede activarse y, sin embargo, podemos escucharlo antes de actuar impulsivamente desde él. Esta nueva relación que mantenemos con el pasado y con nuestras partes, desde una conexión consciente con la energía del Self, es muy diferente de no volver a sentir dolor o aspirar a que ninguna parte vuelva a activarse. Quizá por eso una pregunta útil para observar nuestro propio proceso de transformación no sea: “¿Por qué todavía me pasa esto?”. Sino:
“Cuando esto aparece —un pensamiento, un recuerdo, una emoción—, ¿puedo comenzar a relacionarme con esa experiencia interna de una manera diferente, con calma, coraje, consciencia y compasión?”.
La transformación puede ser menos espectacular de lo que imaginamos y, al mismo tiempo, más profunda de lo que esperamos. Tal vez seguimos sintiendo miedo, pero ya no necesitamos obedecerlo inmediatamente. Tal vez seguimos sintiendo enojo, pero esta vez podemos parar y escucharlo antes de descargarnos y atacar impulsivamente.
Tal vez seguimos sintiendo una antigua vergüenza y, en lugar de sostenerla como una definición de quienes somos, podemos acompañar a la parte que todavía la lleva.
Cuando aumenta el liderazgo del Self en nuestro interior, el pasado no desaparece; nuestra historia permanece, pero deja progresivamente de ser destino. Podríamos decir que continúa siendo un compañero en el viaje de la vida, pero ya no necesariamente tiene que ir sentado en el asiento del conductor. Cuando conduce el Self, nuestra historia y nuestras partes viajan con nosotros, pero en el asiento del acompañante.
Para cerrar:
Sanar como una nueva relación con nosotros mismos
A lo largo de estos tres artículos (el actual y → 1 | → 2) hemos recorrido un camino que comenzó con una idea sencilla pero profundamente disruptiva: quizá aquello contra lo que hemos luchado dentro nuestro no sea realmente “el enemigo”.
Descubrimos partes que protegen, partes que llevan heridas, polarizaciones y estrategias que alguna vez y en otro contexto tuvieron sentido. Y descubrimos también la posibilidad de relacionarnos con todo ello desde un lugar diferente: con mayor curiosidad, claridad, coraje y compasión.
En IFS, sanar no significa construir una versión perfecta de nosotros mismos ni conseguir que nuestro mundo interior permanezca siempre en calma. Significa que aquello que alguna vez tuvo que organizarse alrededor del miedo, la vergüenza, el abandono o la lucha por la supervivencia pueda encontrar nuevas formas de habitar el presente. Porque el presente puede no ser perfecto y seguir teniendo similitudes con el pasado, pero el presente nunca es el pasado. Aprender del pasado y conectar con el presente nos abre nuevas posibilidades.
Podemos imaginar nuestra mente, nuestro sistema interior, como una casa que atravesó muchas tormentas. Algunas habitaciones fueron clausuradas. Otras permanecieron constantemente vigiladas. Se levantaron defensas que en algún momento fueron necesarias para proteger aquello que se encontraba dentro. Sanar, siguiendo con esa metáfora, no consiste en demoler la casa. Consiste en poder recorrerla nuevamente; abrir algunas puertas cuando sea seguro hacerlo; escuchar a quienes todavía temen aquello que ocurrió allí y recordarles que eso ya pasó; cultivar agradecimiento por las defensas que nos permitieron sobrevivir y descubrir, poco a poco, que ya no todas necesitan seguir igual que antes.
Quizá entonces la pregunta deje de ser “¿cómo puedo deshacerme de esta o aquella parte de mí?” y pasemos a preguntarnos: “¿Qué pasaría si esa parte comienza a sentir que no tiene que seguir llevando sola aquello que aprendió a cargar?”.
De hecho, IFS nos invita a descubrir que el Self en nuestro interior, con su energía serena, lúcida, fuerte y compasiva, es lo más cercano al “salvador” que equivocadamente muchas personas buscan afuera de ellas mismas —una pareja, un maestro, un gurú—, tema que Schwartz (2023) desarrolla en otro de sus libros y al que volveremos en otra oportunidad.
A veces una auténtica transformación comienza en un lugar diferente al que creíamos: no cuando creemos que conseguimos expulsar algo de nosotros que nos desagradaba, tampoco cuando creemos haber encontrado, al fin, un salvador externo, sino cuando podemos acercarnos a todas nuestras partes, escuchar su miedo y sus necesidades, y acompañarlas con compasión, incondicionalmente. Quizás no haya una experiencia humana más profundamente sanadora que esa.
Hasta la próxima,
Marcelo Aguirre
Referencias
Original en inglés:
Schwartz, R. C. (2021). No bad parts: Healing trauma and restoring wholeness with the Internal Family Systems model. Sounds True.
Schwartz, R. C. (2023). You are the one you've been waiting for. Sounds True.
Versión en español:
Schwartz, R. C. (2021). No hay partes malas: Sanar el trauma y recobrar la plenitud con el modelo Sistemas de Familia Interna (IFS). Océano.



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