Explorando la relación entre el Eneagrama y los Chakras ~ Un enfoque transpersonal

25 Nov 2019

 

 

Ambos sistemas holísticos, el Eneagrama y los Chakras, tienen en común que son, de hecho, mapas de la evolución de la conciencia, o dicho de otro modo, esquemas generales del proceso de desarrollo integral del ser humano.

 

Una diferencia esencial entre ambos es que el Eneagrama distingue y describe detalladamente las características psicológicas de nueve tipos humanos (eneatipos), mientras que el sistema de los Chakras presenta una propuesta de desarrollo única para todos los seres humanos, sin importar cuál sea su tipo psicológico o estilo de personalidad.

 

Otra diferencia entre ambos sistemas es el enfoque del que parten: el Eneagrama inicialmente hace foco en el plano psicológico, el plano de los tipos o estilos de personalidad; aunque, en segundo lugar, admite una perspectiva espiritual o transpersonal en relación a las cualidades de la Esencia: Virtudes e Ideas trascendentes; por su parte, el sistema de los Chakra hacen foco, principalmente, en una perspectiva netamente energética del ser humano; aunque también, pero secundariamente, admite una perspectiva psicológica en la descripción de cada uno de los Chakras.

 

Desde la perspectiva del sistema de los Chakras, cada ser humano está llamado a desarrollar plenamente sus potencialidades y adquirir una vida sabia, y para ello debe transitar el proceso de apertura de sus propios chakras. La apertura de cada chakra implica superar determinados 'desafíos' existenciales y adquirir un progresivo nivel de madurez, desapego, generosidad y apertura mental. Cada desafío a superar implica un obstáculo psicológico que bloquea a un chakra específico. A saber:

 

  • Chakra 1: es bloqueado por el miedo.

  • Chakra 2: es bloqueado por la culpa.

  • Chakra 3: es bloqueado por la vergüenza.

  • Chakra 4: es bloqueado por la tristeza.

  • Chakra 5: es bloqueado por el engaño.

  • Chakra 6: es bloqueado por la ilusión.

  • Chakra 7: es bloqueado por el apego.

 

El camino para superar cada uno de estos desafíos existenciales es, según la tradición, la práctica de la meditación, utilizando como foco de la misma a cada uno de estos obstáculos con el fin de eliminar la influencia nociva que los mismos tienen sobre nuestra mente, y así adquirir la progresiva apertura de cada chakra, comenzando por el primero hasta el último.

 

 

Los tres primeros chakras corresponden al plano personal; los tres últimos, al plano transpersonal; y entre ambos, el chakra del corazón, el cuarto chakra, es el puente entre ambos planos, personal y transpersonal; corresponde al plano transicional.

 

El plano personal implica un trabajo interior centrado en el descubrimiento y aceptación de sí mismo; es básicamente el trabajo sobre el plano psicológico.

 

El plano transpersonal implica abandonarse a sí mismo, o más precisamente, desapegarnos de la imagen que tenemos de nosotros mismos, el 'ego' y su ilusión de separación respecto de todos los demás seres, en orden a adquirir una consciencia de unidad e interconexión con todos los seres. El plano transpersonal tiene como meta una consciencia de tipo mística, pero para ser auténtica implica haber trabajado profundamente el plano personal y el transicional.

 

Éste último, el plano transicional, representado por el chakra del corazón, es el puente entre ambos planos evolutivos. El plano transicional implica, por una parte, una superación de los obstáculos propios del plano personal (miedo, culpa y vergüenza), un profundo conocimiento y una amorosa aceptación de sí mismo; y por otra parte, implica también una disposición o sincera intención de relativizar la importancia de la imagen de sí, del 'ego' propio, en orden a ir experimentando progresivamente el amor por todos los seres y la sabiduría intuitiva que son cualidades propias del plano transpersonal.

 

El mapa evolutivo que presenta el Eneagrama se vincula, asombrosamente, con los siete Chakras. Sin importar cuál sea nuestro tipo de personalidad y nuestro subtipo instintivo, el Eneagrama invita a toda persona a conocerse a sí mismo y a desarrollar plenamente sus potencialidades en siete niveles que se corresponden con los siete chakras —cada chakra apunta a determinados aspectos vitales—:

 

Chakra 1: salud física, cuidado personal, manejo del dinero.

 → Instinto de autopreservación.

Chakra 2: relaciones afectivas, creatividad. 

→ Instinto sexual.

Chakra 3: autoestima, imagen social y logros personales. 

→ Instinto social.

Chakra 4: deseos, motivaciones, valores.

 Pasiones. 

Chakra 5: expresión del auténtico self.

→ Virtudes.

Chakra 6: intuición vs. autoengaños e ilusiones.

→ Fijaciones cognitivas

Chakra 7: despertar de la conciencia vs. olvido de sí.

 Ideas Transcendentes.

 

La identificación del propio eneatipo es sólo el primer paso. De nada nos serviría quedarnos en el conocimiento de (o identificación con) una 'etiqueta' tipológica. Después que cada uno ha logrado identificar su propio tipo de personalidad y subtipo instintivo, tiene como reto seguir conociéndose y, sobre todo, desarrollar aquellos aspectos que están menos desarrollados en la propia personalidad.

 

Plano personal

 

Así, en primer lugar, independientemente de cuál sea nuestro subtipo instintivo predominante, podríamos preguntarnos, por ejemplo, lo siguiente:

 

Chakra 1 / Instinto de autoconservación:

¿Cómo estoy en relación al cuidado de mi propia salud física, el cuidado de mi cuerpo, alimentación, sueño, higiene? ¿Cómo estoy administrando el dinero? ¿Qué necesito modificar en estos aspectos?

 

Chakra 2 / Instinto sexual:

¿Cómo están mis relaciones significativas? ¿Las estoy cuidando adecuadamente? ¿Cuáles son mis principales fallas en el ámbito de las relaciones afectivas? ¿Cómo estoy relacionándome en este momento con mi pareja y amigos más cercanos? ¿En qué actividades vuelco mi mayor energía y creatividad? ¿Qué debo mejorar en estos aspectos?

 

Chakra 3 / Instinto social:

¿Me acepto tal y como soy, incluyendo mis defectos? ¿Soy paciente con mis propios errores? ¿Tiendo a ser demasiado rígido o demasiado indulgente conmigo mismo? ¿Cuánta importancia doy a lo que los demás opinan de mí? ¿Mi valía personal depende de mis logros y fracasos? ¿Distingo lo que soy de lo que logro, o para mí 'soy' mis logros?

 

Plano transicional

 

En segundo lugar, pasaremos a trabajar sobre la pasión dominante. Normalmente las pasiones operan como motivaciones profundas, no conscientes. En este momento nos centramos en el chakra del corazón, el cuarto chakra. El 'corazón', según las antiguas tradiciones de sabiduría tanto orientales como occidentales, es la sede de las pasiones, a las cuales el hombre debe conocer y dominar para no ser dominado por ellas. Éste es el momento de trabajar sobre la propia pasión dominante. Trabajo que, por cierto, lleva años de autoobservación y autoreforma.