Importancia y funciones del sueño

1 Nov 2016

La ciencia biológica contemporánea ha confirmado una verdad sabida por todas las culturas antiguas: la actividad rítmica es una de las propiedades fundamentales de todo ser vivo. Entre los mamíferos, particularmente, existe una gran cantidad de ritmos biológicos relacionados con la conservación de la especie y del individuo. Fundamental para mantener el equilibrio neurológico del individuo es la alternancia sueño-vigilia.

 

 

Neurofisiología del sueño

 

 

En el hombre el ciclo sueño-vigilia está dentro del ritmo circadiano, de 20 a 28 hs, con gran concentración de serotonina cerebral. Estudios actuales de laboratorio demostraron que un hombre/mujer al cabo de unos días de ser interrumpidos en el dormir y privados de horas de sueño, comenzaban presentar claras muestras de creciente irritabilidad y cada vez menor dominio de la impulsividad. Al terminar las interrupciones del sueño, los sujetos sometidos a experimentación parecían intentar recuperar el sueño perdido. De hecho es hoy indiscutible que la actividad de dormir ―en la que se incluye el soñar― goza de gran importancia para mantener el equilibrio psiconeurológico. No en vano el hombre duerme alrededor de 8 hs diarias, y a lo largo de su vida dedica un poco más de un tercio de tu tiempo vital a esta 'actividad'.

 

El sueño ―entendido como dormir― tiene relación a las dos fases por las que pasa nuestro sistema neurológico en el momento en que abandonamos el mundo de la consciencia para pasar al mundo del sueño. Cuando dormimos nuestra conciencia del mundo exterior se debilita, permaneciendo sólo de modo residual, lo que posibilita que podamos despertarnos, por ejemplo, ser llamados por nuestro nombre; la capacidad de vigilia y adaptación tienden a ser nulas; disminuye el tono muscular y aumenta la relajación de la musculatura, excluyendo los esfínteres; aumenta el metabolismo cerebral. El electroencefalograma (EEG) permite distinguir dos grandes tipos de frecuencia de ondas cerebrales llamadas: fase de sueño rápido, en la que se observan ondas cerebrales rápidas y movimientos oculares rápidos (de allí que se la denomine en siglas fase MOR, o REM en inglés); y fase de sueño lento en la que se observa lentitud de ondas cerebrales (fase SOL: sueño de ondas lentas, o fase no-REM).

 

Al parecer, la alternancia de ambas fases a lo lardo del dormir permite descansar alternadamente cerebro y cuerpo. Durante la fase de ondas rápidas y movimientos oculares rápidos (REM) se producen las imágenes oníricas, disminuye el tono muscular y aumenta la relajación corporal, y es más difícil despertar. Empero durante la fase de sueño lento (SOL), disminuye la producción de imágenes, el soñante suele cambiar de posición corporal, y es más fácil despertar.

 

Durante el dormir nocturno ordinario ―de aproximadamente 7 hs promedio― las neurociencias distinguen las siguientes fases [1]:

 

i) primero, 120 min de sueño lento (SOL);
ii) 17 min de sueño rápido (MOR);
iii) 100 min de sueño lento (SOL);
iv) 21 min de sueño rápido (MOR);
v) 48 min de sueño lento (SOL);
vi) 22 a 28 min de sueño rápido (MOR);
vii) 48 min de sueño lento (SOL);
viii) finalmente, 22 a 28 min de sueño rápido (MOR),
ix) y sobreviene el despertar.

 

Cabe destacar que en las fases del dormir, el sueño se hace progresivamente más profundo. Las imágenes que se producen en la fase viii, de movimiento oculares rápidos, justo antes del despertar, son las que comúnmente solemos recordar y no tanto las producidas en las fases MOR anteriores. En la primera fase se produce una transición de la vigilia al sueño acompañada por la curiosa aparición de imágenes que a veces el sujeto confunde con sensaciones del mundo externo; son algo así como ilusiones volátiles, inconexas, que apenas guardan relación entre sí y que además, a diferencias de los sueños propiamente dichos, no guardan relación con nuestras experiencias cotidianas, y carecen de importancia hermenéutica; se conoce a esta fase con el nombre de estado hipnagógico. Este fenómeno se produce antes de entrar en sueño profundo, y ocasionalmente también unos minutos antes del despertar.

 

 

Funciones psíquicas del sueño

 

 

Desde un punto de vista psicológico, el sueño goza de gran importancia. Así, por ejemplo, para Freud el sueño era el 'guardián del dormir'. Se refería concretamente a una de las funciones del soñar, en cuanto producía imágenes que integraban los estímulos externos (ruidos, sensaciones...) e internos (sed, hambre, calor...) dentro de una narración onírica para favorecer que el sujeto siga durmiendo en vez de despertar y romper la continuidad de este importantísimo proceso neuropsicológico que es el soñar ―por ejemplo, al soñar que tomamos agua hasta saciarnos, cuando dormidos sentimos sed―.

 

Yendo más allá de Freud, Jung consideraba que en los sueños la función de custodiar el dormir fisiológico estaba subordinada a la finalidad de la compensación intrapsíquica: lo sueños «protegen el dormir cuando es posible, es decir, obligados por la necesidad y automáticamente bajo la influencia de ese estado; pero también saben interrumpirlo cuando su función lo requiere, esto es, cuando sus contenidos compensadores tienen una intensidad suficiente para suspender el curso del dormir. Un elemento compensador es particularmente intenso cuando tiene una importancia vital para la orientación de la conciencia» [2].

 

En efecto, para Jung el sueño tiene como función principal mantener el equilibrio y la autoregulación psíquica. El sentido más importante del sueño radica en que a través de él se lleva a cabo en el interior del sujeto, como en un laboratorio alquímico, fundamentales procesos que tienden a la compensación, la integración y la sanación interior. Mediante su función compensadora, los sueños procuran restablecer el equilibrio psíquico, tomando el inconsciente, mediante sus productos oníricos, los sueños, posturas opuestas a la unilateralidad de la conciencia ―por ejemplo, no sería extraño que una persona demasiado puritana soñara con todo aquello que rechaza y condena, incluso podría soñarse ejecutándolo―. Y es que «la compensación representa una adecuada auto-regulación del organismo psíquico» [3].

 

El inconciente mismo del soñante es el que, mediante el sueño, restablece un cierto equilibrio psíquico mostrandole al soñante ―como en un espejo de imágenes― sus posturas concientes extremas y unilaterales. Es así que el sueño se convierte, según Jung, en una «autorepresentación espontánea de la situación actual de lo inconciente expresada en forma simbólica [...] El sueño nos comunica, por lo tanto, en un lenguaje simbólico ―vale decir con representaciones sensoriales e intuitivas― ideas, juicios, concepciones, directivas, tendencias, que a causa de la represión o por pura ignorancia eran inconscientes» [4].

 

Pero en la compensación, con ser la principal de las funciones, no se agotan las funciones psíquicas del sueño. Jung también distingue funciones no-compensadoras y sus consiguientes tipos de sueño:

 

Función prospectiva: sueños de ensayos de decisión; la mente se anticipa imaginariamente a una situación importante que requiere del sujeto una decisión ó determinación, a fin de ensayar la mejor solución.

Función reductiva: sueños de reducción; el contenido de los mismos tiene que ver con material inconsciente reprimido o ignorado por el soñante.

Función reactiva: sueños reactivos o traumáticos; sueños que suelen repetir acontecimientos altamente estresantes, a fin de desensibilizar paulatinamente al sujeto respecto del impacto emocional que provocó dicho acontecimiento, hasta que pueda aceptarlo sin verse sobrepasado ó desbordado por la intensidad afectiva del mismo.

Fenómeno telepático: sueños telepáticos o de anticipación témporo-espacial de acontecimientos; no son comunes, pero hay sujetos particularmente receptivos de este tipo de información expresada en sueños.

 

En fin, aunque nos es común relacionar al sueño con el así llamado descanso nocturno, como pudimos observar en el sueño hay empero gran actividad intrapsíquica. En cuanto al calificativo nocturno no carece de importancia simbólica: en efecto, aunque podemos dormir y soñar a cualquier hora del día, no en vano se sigue asociando al sueño con la noche; siendo ésta representante simbólico del ámbito contrapuesto al reino diurno de la conciencia. En el sueño nos introducimos en el mundo maravillosamente creativo que se vincula a la psique profunda personal y colectiva; llegando a mirar en el espejo simbólico un reflejo de nuestro interior, e incluso ―en no pocos casos― atisbar dimensiones transpersonales, paranormales, espirituales.

 

Hasta la próxima, 

Marcelo Aguirre

 

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[1] Aballone, J. C. (1971), Psicofisiología, Buenos Aires: Talín.
[2] Jung, C. G. (1954),
Energética psíquica y esencia del sueño. Buenos Aires: Paidós.
[3] Jung, ibid.
[4] Jung, ibid.