• by Marcelo Aguirre

Invitación a entrar y explorar. El autoconocimiento como 'valor' agregado


Según nuestra idiosincracia, formación y personalidad —y podríamos agregar también, según cuáles sean nuestros prejuicios— el autoconocimiento puede ser considerado como algo realmente valioso e indispensable en el contexto general de nuestra vida o, por el contrario, como algo soso, sin mayor importancia intrínseca, o simplemente un 'lujo' cercano al ocio, para el cual no tenemos tiempo. ¿Quién puede tener tiempo para esas cosas? Además, ¿no nos conocemos lo suficiente?


¡Hagamos la prueba! Cada uno puede anotar en un papel, o en el celular o en la computadora las respuestas a esta pregunta: ¿Cuáles son las 5 palabras que mejor me definen?


Luego, podemos ordenar esas 5 palabras, en orden decreciente, empezando por las que más nos definen hacia las que menos lo hacen.


Muy bien. ¿Estamos conformes con esa autodefinición o autoconcepto formulado en 5 palabras? Si nunca antes hicimos este sencillo ejercicio, es muy probable que quedáramos entre sorprendidos y perplejos. Si, por el contrario, ya hicimos antes esta experiencia, ¿qué hemos descubierto esta vez acerca de nuestro autoconcepto? ¿Se mantienen las palabras empleadas y su orden? ¿Cuáles palabras cambiaron?


Cuando hablamos de autoconocimiento desde una perspectiva holística e integradora —como seres bio-psico-socio-culturales— el autoconcepto expresado de modo verbal nos queda ciertamente muy 'corto', limitado. En términos del filósofo existencialista francés Gabriel Marcel, el ser humano no es tanto un problema a entender cuanto un 'misterio' a aceptar.


Es por eso que hay otro modo de abordar el autoconocimiento, un modo que no es meramente verbal-conceptual. Es el abordaje del Mindfulness, de la meditación basada en la atención no-judicativa del presente. ¿Qué presente? Nuestro ser no es sino presente que se despliega, que —como diría Martin Heidegger— se automanifiesta en el aquí y ahora. De allí que la invitación del Mindfulness es a entrar en nuestro propio misterio, con curiosidad, sin formular juicios de valor, sin compararnos con nada ni con nadie, sin atender al pasado ni al futuro, sino entrar y explorar:



El autoconocimiento basado en la conciencia del presente (self awareness) no se contrapone a un estilo de vida productivo, pragmático —en el sentido de 'orientado a metas'—, sino todo lo contrario, el 'modo ser' (o estar) se complementa con el 'modo hacer' en el que funciona nuestra vida cotidiana. Es necesario de vez en cuando, 'parar y observar' —como dicen los monjes zen— para no perder el rumbo, para no perdernos a nosotros mismos en un 'hacer' tan frenético y vertiginoso que en ocasiones olvidamos quién hace lo que hace y para qué hacemos lo que hacemos, como nos lo recuerda Jon Kabat-Zinn (uno de los principales referentes del Mindfulness, la práctica de la 'atención plena').


El Eneagrama y la práctica del Mindfulness son dos métodos complementarios —entre otros— para cultivar el autoconocimiento. El Eneagrama se basa más en la descripción 'verbal' de los rasgos que delinean nuestra personalidad. El Mindfulness, por su parte, aborda el autoconocimiento desde la experiencia no-verbal, desde el contacto —por medio de los sentidos— con nuestro 'estar siendo aquí y ahora'. Cada uno hace su propio camino al andar, como dice la canción. Y, como nos lo recomienda Kabat-Zinn, cada uno de nosotros está invitado a recorrer este camino de autoconocimiento eligiendo el modo y el ritmo que crea más adecuado.


Si cultivamos la 'mente de principiante' —siguiendo el consejo de las filosofías orientales— podemos ir ahondando cada vez más en esta maravillosa experiencia de explorar la novedad siempre perenne del ser que somos. Conocidos y desconocidos para nosotros mismos en cada instante, de acuerdo a la actitud que adoptemos: a veces somos 'sabelotodo', otras veces somos humildes 'principalmentes'. Esta segunda actitud es la adecuada para progresar en todos los ámbitos del conocimiento humano, incluyendo el conocimiento científico.


El camino del autoconocimiento, ya verbal-conceptual, ya experiencial-sensorial, nos permite tomar una bocanada de aire fresco en medio del estrés de la vida cotidiana, la rutina y los innumerables 'impostergables' que tiranizan nuestra mente y agotan la energía de nuestro cuerpo. La invitación hoy —siempre hoy— es a parar y observar, a entrar y explorar, con actitud de principiante, con asombro y apertura, sin juicios ni prejuicios. ¿Aceptas la invitación?


Hasta la próxima,


Marcelo Aguirre


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